jueves, 9 de septiembre de 2010

El 4-4-2 pasó a la historia

Una de las cosas que me causa más gracia cuando leo los periódicos y páginas web en México (y el mundo, en realidad) son los gigantescos errores tácticos que suelen tener en sus análisis.
Salvo honorables excepciones -los periódicos italianos, El País, L’Équipe-, cada vez que veo una canchita publicada con la supuesta alineación de un equipo, lo hago sólo para reírme o hacer corajes.

¿Los errores más comunes? Considerar a medios por las bandas como delanteros e incluso pensar que pueden ganar el título de goleo en una temporada, colocar a defensas centrales por los costados sólo porque tienen más nombre que los laterales, creer que un mediocampista puede reemplazar a otro sólo por jugar en media cancha, sin tomar en cuenta sus características y, mi favorita, poner a todos los equipos como si jugaran 4-4-2.

Quizá soy demasiado quisquilloso. Tengo amigos, excelentes periodistas, a quienes la táctica no les parece tan trascendental. Prefieren las historias de vida, las crónicas de cómo un deportista llegó a la cima, o se derrumbó hasta caer en el peor de los abismos. Yo considero que es en el pizarrón donde se ganan y se pierden los partidos. Ahí se entiende por qué pasan las cosas y se explican las razones de los éxitos y los fracasos. Entiendo a quienes no les obsesiona tanto, pero no me cabe en la cabeza que un periodista reconocido pueda equivocarse incluso en los conceptos más básicos. Es, digamos, como si un matemático no supiera restar ni dividir.

Hasta hace unos años, esa obsesión mía se reflejaba de manera más bien empírica. Iba a los estadios, veía partidos, entendía los conceptos básicos y no cometía errores de juicio bestiales. Tenía, en suma, el conocimiento de un aficionado informado y, la verdad, creía que sabía más de lo que realmente sabía. Sin embargo, un comentario de mi amigo Roberto Velázquez dio en el clavo: “los periodistas deberían tomar el curso de directores técnicos, para saber de lo que hablan”. Y eso, a distancia y con paso de caracol, es lo que he estado haciendo. Aún me falta mucho, y no es que quiera volverme José Mourinho, pero siento que estoy en condiciones para analizar un poco mejor el tema.

En estos últimos partidos de la selección, leí varias veces que México debía volver al 4-4-2 “porque es el sistema que los jugadores conocen más”. La frase está completamente equivocada. Salvo en algunos casos en Inglaterra, ya nadie lo utiliza. Es un sistema que no funciona en el fútbol actual y, en los últimos 8 años, México sólo empleó bajo el mando de Hugo Sánchez y un ratito en el partido contra España, con terribles resultados.

¿Por qué el 4-4-2 está muerto? Esencialmente, porque significa perder un hombre en media cancha y, en consecuencia, posesión de balón. El sistema en boga alrededor del planeta en la actualidad es el 4-2-3-1, lo que significa cinco hombres en medio campo. Su variación más común es el 4-3-3, que requiere, sin embargo, que los dos extremos regresen a cubrir posiciones defensivas cuando no tienen el balón o, en su defecto, que uno de los dos se cierre al centro y un lateral se recorra hacia arriba, lo que da como resultado, de nuevo, cinco hombres en media cancha.

Pero además, el 4-4-2 clásico tiene como problema principal que los dos delanteros operan en la misma línea y, en consecuencia, se estorban a la hora de perseguir el balón. Esto puede resolverse con el entendimiento a nivel de clubes, pero en una selección nacional es imposible, por el poco tiempo que tienen las parejas de delanteros para entrenar juntas. Por eso, los técnicos amantes del sistema lo han modificado para volverlo un 4-4-1-1, que permite mayor participación de uno de los delanteros en la construcción del juego y, con su posición más retrasada, le dan la posibilidad de llegar de atrás sin estorbar al número 9 que juega como verdadero punta (eso es lo que ha hecho, por ejemplo, Fabio Capello con Wayne Rooney en sus partidos eliminatorios para la Euro).

En el Mundial pasaba lo mismo. Los “analistas” pedían que Javier Aguirre jugara 4-4-2, sin tener realmente idea de lo que hablaban. Sólo un equipo utilizó esa táctica en Sudáfrica y fue la propia Inglaterra, con resultados desastrosos. Tácticamente, México fue de los mejores equipos del Mundial. Su sistema, que podía transformarse en línea de 3 o de 4 gracias al excelente trabajo de Rafa Márquez, fue innovador y efectivo. Los problemas fueron de personal. Si el “Vasco” no hubiera insistido con Cuauhtémoc Blanco ante Uruguay, o si hubiera mantenido el 4-3-3 (3-4-3) en lugar del 4-4-1-1 que utilizó ante Argentina, quizá la historia hubiera sido distinta.

Y, en ese sentido, me sorprendió lo poco innovadores tácticamente que fueron Meza y Flores en sus amistosos con el Tri. El “Ojitos” empezó con un 4-4-2 contra España pero, tras darse cuenta que su rival controlaba el partido, incluso con suplentes, movió al Chicharito a la banda para transformarlo en un 4-2-3-1 que fue mucho más efectivo. Flores utilizó contra Ecuador un 3-5-2, sistema que está aún más muerto que el 4-4-2, por razones que merecen otra columna. Por supuesto, el resultado fue lamentable, y lo obligó a modificar a un 4-4-1-1 más lógico pero igualmente aburrido ante Colombia.

Lo peor del caso es que México está mandado a hacer para jugar 4-3-3 o 4-2-3-1. Pero eso será trabajo del nuevo técnico y no quiero perder más tiempo hablando de eso cuando prometí que no lo haría. En lugar de ello, los invito a analizar los sistemas utilizados por los equipos europeos en las eliminatorias para la Euro, y también el Argentina-España.
 
Como sea, no quiero decir que sé más que los entrenadores, pero me parece que el análisis táctico es un tema poco explorado en México y creo que los aficionados merecen saber un poco más al respecto que los completamente inútiles diagramas de las transmisiones de televisión, así que, si les gusta la idea, trataré de hacerlo más en este espacio.


Martín del Palacio

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